Todo comienza uno o dos años antes del fin de los estudios secundarios (bachillerato) cuando uno quiere irse lejos y cortar con esa escuela o colegio que sufrió día a día de 5 de la mañana a cuatro de la tarde durante 11 años.
Uno escucha a los amigos decir: Bueno yo me voy un año a Inglaterra a aprender inglés y en las múltiples conferencias a las que se asiste emocionado se escuchan las ventajas, a los padres les hablan de las muchas puertas laborales que se le abrirían a los hijos con un nuevo idioma y a los muchachos les hablan de vacaciones-estudio, de una pausa al final del camino, de nieve, playa sol o mar. Los padres dicen claro el muchacho tiene que irse:
Padre:
- Es que si yo hubiera tenido las mismas oportunidades, sería millonario mejor sería hasta presidente de Estados Unidos.
- Pero es que como los jóvenes de hoy no aprovechan. Estudio se les da, pero ganas, no.
Así es que llega el momento de pagar los $50 de la inscripción y la mamá de uno comienza a decir :
Madre:
- Ay pero mi niño no está listo, mire que acá se le da todo, mejor lo inscribimos en el British Council, se le dan más cursos de inglés pero mire que no se vaya tan lejos.
- Es que el hijo de doña Carmencita se fue para Australia, y era un muchacho lo más de correcto. Y eso volvió ahora, hasta con el pelo pintado de anaranjado y con unas pintas muy raras.
- Mire que ustedes allá tan lejos, uno no los puede ayudar, que mi Dios no quiera y me les pase algo.
Por eso es que una vez que la figura materna acepta de mala gana eso sí que su hijo vuele lejos del nido y el padre está dispuesto a vender el carro e hipotecar la casa para pagar los 8000$ de cuota inicial para que el muchacho se vaya a nuevos destinos, el plan crece como bola de nieve y comienza a concretarse.
La razón primordial para un intercambio es adquirir conocimientos avanzados de un idioma mediante la inmersión total en un lugar en donde o uno se desenvuelve o se aísla. Poco a poco mediante la repetición diaria de los mismos errores, y tras la debida corrección de gringos con mucha paciencia, uno comienza a sentirse autónomo. Y es cuando se pasa de lo que en nuestros países llamamos “me defiendo en inglés” que nunca pasa del “gud mornín, ten kyu” con acentos y todo a tener un diálogo más fluido.
Canadá no es un país bilingüe como uno se lo imagina, es ante todo un país dividido entre dos culturas: uno de habla inglesa y el otro minoritario, francés. En el caso de Québec que es el sitio por excelencia para aprender francés en América del Norte y a pesar de los esfuerzos por conservar el idioma en medio de tantos angloparlantes; cuando un extranjero tiene dificultades de inmediato le hablan en inglés. Siendo las cosas así, ni para que esforzarse en hablar mal francés, si de facilidades se trata.
Es por esto que aprender Francés en Québec en los programas de intercambio es un reto, por la gente que uno frecuenta y el medio en que se desenvuelve (generalmente turístico y con alto contenido inglés). Situación muy diferente es la del residente permanente a quien incluso el estado le ofrece cursos gratuitos de francés y quien además se ve obligado a por lo menos tener la capacidad de hablar francés en el sitio de trabajo.
Así es que les recomiendo informarse muy bien con gente que haya ido al país al que usted quiere ir, antes de hacer planes y pensar que su plan es infalible